Seguro has leído y escuchado a varias personas diciendo que el amor propio es un pilar fundamental para levantar o continuar cualquier proyecto. Y es cierto. Este concepto es una especie de llave mágica que abre todas las puertas. Te ayuda a evitar o superar la depresión, las dependencias, los problemas de pareja, los conflictos de familia, laborales y muchos otros.

El amor propio es el rey en el jardín infinito de las emociones humanas. De eso no hay duda. Lo malo es que si tú eres una de esas personas que ha atravesado por experiencias muy difíciles, como falta de amor en la infancia, maltratos, acosos y situaciones por el estilo, nunca terminas de entender cómo se hace para que el amor propio deje de ser solo una bonita expresión.

Un hombre no puede estar cómodo sin su propia aprobación”.

-Mark Twain-

En sentido estricto, tienes un amor propio fuerte si viniste al mundo como resultado del deseo de que existieras. Pero también debiste haber tenido una madre emocionalmente sana, unida por el amor a un padre también saludable mentalmente. Esto, por supuesto, debió mantenerse estable, al menos durante tu primera infancia. ¿Es tu caso?

Seguramente muchos habéis respondido que no. Que no entienden bien por qué los concibieron. Que a sus padres se les podrían poner muchas etiquetas menos la de personas emocionalmente sanas. Que su infancia transcurrió con ratos felices, pero también con carencias, malos tratos y a veces con enormes traumas. Por eso aquello del amor propio les parece poco más que una utopía: bonita sí, pero inalcanzable.

El amor propio no es “culpa” o “regalo” de nadie

Es una frase antipática porque no deja de devolvernos la responsabilidad que un día depositamos en otro lugar, en otra persona. Es muy tentador culpar a otros de los que nos pasa. Y la lista de posibles culpables la encabezan nuestros padres. Ah, si hubieran hecho… o si hubieran dejado de hacer… ¡Seríamos tan diferentes si ellos hubieran sido maravillosos! Pero, te has preguntado ¿cómo era su propia historia? cómo habían sido sus padres con ellos? ¿vale la pena renegar de todas las generaciones que nos preceden?

Lo usual es que los padres con bajo amor propio lo transmitan a sus hijos. Ellos hubieran querido lo contrario, pero no podían dar lo que no tenían. Seguramente a los padres de ellos les ocurrió lo mismo. La cadena sigue eternamente hasta que alguien, en alguna generación, decide detener la serie, cerrando la herida. Lo más aconsejable es hacerlo a través de una terapia, pero también hay otras vías que contribuyen.

Cualquiera de los caminos que se tomen es válido si lleva a reparar un amor propio destruido. Pero la mejor manera de iniciar esa tarea es renunciar a echarle la culpa a los demás. Se requiere de valentía y de grandeza para hacerlo. Genera una cierta incomodidad. Sin embargo, también es una forma de romper el eslabón más fuerte de la cadena, el que no te deja avanzar.

Otórgale valor a lo pequeño, a los detalles

Quizás hayas imaginado que si consigues un premio importante, como un Premio Nobel, tu amor propio tendría el nutriente que necesita para hacerse fuerte. O si alguien descubre que eres un genio incomprendido. O si te aman, más allá de cualquier prueba. O si todos te expresan su aprecio y se detiene el mundo cuando tú tienes una dificultad.

Las fantasías que incluyen grandes exaltaciones al yo son usuales en quienes tienen poco amor propio. En cierta forma no quieren menos que eso, y a veces piensan que los logros más discretos equivalen a nada. Lo que omiten es que toda gran conquista es el fruto de esfuerzos gigantescos, compuestos de pequeños logros. Son esos pequeños avances los que dan la fuerza suficiente para continuar.

Las grandes obras del ser humano están hechas básicamente de perseverancia. A su vez, la constancia es un rasgo que solamente toma su lugar en un corazón donde anida el amor propio. Los esfuerzos de grandes proporciones exigen una voluntad firme. Y cuando hay baja autoestima, la primera víctima es la voluntad. ¿Ves? Todo se convierte en un círculo vicioso.

De ahí la importancia de aprender a otorgarle valor a los pequeños logros. Por favor, no pases por alto lo que haces bien cada día. No demerites tus esfuerzos, grandes y pequeños. A veces simplemente continuar con tu día exige mucho de ti. Si lo logras, no dejes de reconocértelo. Lucha contra esa vocecita que se empeña en reprochártelo todo, en criticártelo todo. Tú eres el primero que tiene la obligación de dar valor a lo que eres y a lo que haces. Piénsalo.

Hábitos que destruyen tu amor propio

Mujer mirando por la ventana

Hay varios factores que perjudican tu capacidad para apreciar lo que haces y valorar lo que eres. El más importante de ellos es el de haber crecido en medio de un entorno familiar en donde el amor propio de sus miembros también era escaso. Los padres con una pobre idea de sí mismos, generalmente transmiten la misma creencia a sus hijos.

La falta de amor propio en la crianza se manifiesta como maltrato, distancia emocional y/o física, crítica excesiva, descalificación o indiferencia. No hay reconocimiento del valor personal del niño. Sin darse cuenta, el pequeño aprende que sus sentimientos y necesidades no tienen mayor importancia para los seres que sí son los más importantes para él.

Esta situación hace que se desencadenen una serie de acontecimientos asociados. Quien tiene poco amor propio está más expuesto a los abusos fuera del hogar: no sabe cómo defenderse y no está seguro de que tenga el derecho a hacerlo. También suele tener un nivel menos adecuado de desempeño en sus labores. Se distrae con mayor facilidad y le teme al triunfo.

En la vida adulta, muchos siguen cultivando hábitos para sobrellevar su falta de amor propio. Son una especie distractores o escudos emocionales. Costumbres que buscan reafirmar su idea de que poco valen. Así levantan una muralla de defensa contra su propia vulnerabilidad. Ninguno de estos hábitos ayuda. Enseguida te advertimos cuáles son algunos de ellos.

Descalificarte

Cuando eres tú quien habla mal de sí mismo, no te estás haciendo ningún favor. No es señal de humildad, ni de reconocimiento de tus errores. Es un mecanismo que revela una suerte de autosugestión.

Descalificarte es estar atrapado en esas críticas del pasado y que ahora usas para no olvidar que, aparentemente, no tienes derecho de mirarte de otra forma.

Pero tú eres mucho más que todo aquello que te dijeron. Tienes muchas virtudes y potencialidades por descubrir, tan solo tienes que comenzar a aceptarte y quererte para verte más allá de los ojos de los demás.

descalificarte
Dar crédito absoluto a lo que otros dicen

Puedes sentir que los demás “saben más”, o “entienden mejor”, o “tienen más autoridad” para decir o hacer. Muchas veces no te detienes a evaluar si lo que dicen o hacen los demás es correcto, te basta con que sean ellos los que digan o hagan.

Si te detienes un poco a pensar, puede que descubras que no es así. Trata siempre de conectarte con tu verdadera percepción y dale valor a lo que encuentres.

Victimizarte

Es posible que, ante las dificultades, tu respuesta sea la de sentir lástima de ti mismo. Te percibes como un niño impotente que debe resignarse a las situaciones negativas, sin poder hacer nada al respecto.

No has descubierto que cuentas con recursos para enfrentar situaciones adversas. Que lo importante no es lo malo que ocurre, sino cómo lo recibimos y qué curso le damos. Si dejaras de lamentarte por ti mismo y te dedicaras a pensar en soluciones, descubrirías que incluso los peores momentos son también grandes oportunidades.

Mujer con los ojos cerrados llorando

Exigirte más de la cuenta

Quien tiene poco amor propio tiende a ver la vida en términos de modelos ideales. Le cuesta proponerse objetivos modestos y valorar los logros obtenidos. Siempre está pensando que debe alcanzar más y que lo conseguido, tal vez no es importante. Es una trampa inconsciente para quedar siempre en deuda contigo mismo.

Si no tienes amor propio, nada de lo que hagas te será suficiente ni valorable. Tus éxitos no valdrán nada en comparación con los logros de los demás. Pero no te equivoques, si no comienzas tú mismo por valorarte, no le será tan fácil a los demás. Además, ¿cómo vas a llegar a apreciarte, si no eres capaz de aplaudirte cuando avanzas?

No tengas miedo de felicitarte por cada paso que des. Las grandes metas están construidas con pequeños eslabones.

Imágenes cortesía de Aykut Aydoğdu

Imagen cortesía de Alejandra Mavroski


Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

https://lamenteesmaravillosa.com/habitos-que-destruyen-tu-amor-propio/

 

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