No siempre las personas tóxicas, los malos momentos o las adversidades nos provocan infelicidad. En muchas ocasiones, más de las que creemos, esta nace de nuestro proceder. Mediante hábitos tóxicos que repetimos sin pensar por qué se han convertido en parte de nuestra rutina. Además, en vez de analizarlos y transformarlos, optamos por culpar a la suerte mientras nos sumergimos en la amargura.

Está claro que ser feliz todo el tiempo es un imposible. Sin embargo, sí es factible mantener un cierto equilibrio y bienestar emocional. Esto es sencillo cuando todo va bien. El problema reside cuando aparecen los obstáculos o tenemos que computar un retroceso, algo que sucede muy a menudo. Por inercia, continuamos llevando a la práctica esos hábitos tóxicos, que por definición: cuanto más los ejecutamos más difícil nos resultará “escapar” de ellos. Se han convertido en un círculo vicioso en el que nos sentimos atrapados.

No son las dificultades las que nos llevan por el camino de la amargura, sino nuestros hábitos.

Hábitos tóxicos: ladrones de energía

Muchos de nosotros nos sentiremos identificados con los hábitos tóxicos que a continuación mencionaremos. Es curioso porque forman parte de nuestra vida, eso sí, sin darnos cuenta de lo mucho que influyen negativamente en ella. Una de estas costumbres, tan humanas, es la de desear aquello que no tenemos. Infravaloramos lo que poseemos, anhelamos más y más… Darnos cuenta de que no necesitamos nada más para ser felices es lo que evitará que nos encontremos a disgusto y tristes.

De igual manera, se produce una situación contraria: el estancamiento emocional. Esa circunstancia en la que no vamos hacia adelante, pero tampoco hacia atrás. Nos encontramos en la famosa zona de confort que nos atrapa, impidiéndonos crecer y progresar, avanzar y sentirnos realizados. ¿Por qué no salimos de ahí? ¿Es por miedo? ¿Qué nos provoca tanta inseguridad? Sincerarnos y reflexionar sobre esto nos permitirá ponerle fin a una situación en la que nos sentimos prisioneros, en nuestra propia cárcel.

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Otro de los hábitos tóxicos que ponemos en práctica es el del piloto automático. Ese momento de nuestras vidas en el que no prestamos atención al presente, no lo saboreamos. Avanzamos sin detenernos a pensar en lo que estamos haciendo. Es como si caminásemos por un bosque sin pararnos a contemplar el maravilloso paisaje que se extiende a nuestro alrededor. Nos alejaríamos de la realidad, no disfrutaríamos del aquí y el ahora y nos perderíamos un gran placer.

Buscar la aprobación de los demás también es un hábito muy tóxico. Jamás haremos nada porque nos apetezca, sino porque así está mejor visto por los demás.

Tampoco podemos olvidarnos de algo que más de una vez dejamos en un segundo o tercer plano. Estamos refiriéndonos a nuestra alimentación y también a nuestro sueño. Comer mal, no seguir una dieta sana, tendrá una clara repercusión negativa en nuestro estado de ánimo: no tendremos el nivel de energía necesario y contaremos con una autoestima lastrada. De igual manera, dormir lo suficiente es importante para rendir en el trabajo y sentirnos mejor.

El peor de los hábitos tóxicos: hacerse la víctima

Hemos dejado para el final uno de los hábitos tóxicos que más repercuten en nuestras relaciones. Hacerse la víctima es para muchas personas un recurso para conseguir atención, entre otros privilegios. Pero, esta costumbre lleva implícita muchas otras prácticas que provocan que nos sumerjamos en una realidad bastante desdichada.

Hacernos la víctima provoca que nos aferremos a todas esas emociones negativas que tendríamos que intentar soltar. Pero, las necesitamos para dar lástima y no hacernos responsables de lo que nos está sucediendo. Cerrar los ojos, abrazar la negatividad, provocará que alberguemos ira y resentimiento en nuestro corazón.

mujer flor cabeza hábitos toxicos

Negar la realidad: una calle sin salida

Relacionado con esto se encuentra el terrible hábito de negar la realidad. Cuando esta no es la que nos gustaría observar, simplemente le damos la espalda y la negamos. Sin embargo, hacer esto no evitará que esta esté ahí. Seguirá existiendo por mucho que no la queramos ver y, sin duda, nos azotará de forma fuerte y violenta llegado el momento.

El hábito de hacerse la víctima no podría sino tener entre sus formas de proceder el hecho de culpar a los demás. Nosotros jamás seremos los responsables de lo que suceda y, aunque así sea, intentaremos darle la vuelta a la tortilla para poder quedar como mártires. Por ejemplo, si suspendemos un examen jamás el culpable seremos nosotros por no haber estudiado lo suficiente o no estar todo lo concentrados que debiéramos, sino que es el profesor el que lo ha puesto muy difícil.

Haciéndonos las víctimas no nos permitirá aprender sobre las experiencias pasadas para poder hacerle frente a la vida.

En conclusión, existen muchos hábitos tóxicos que llevamos a cabo en nuestro día a día y de los que necesitamos desprendernos para sentirnos bien. Sin duda, el último -hacerse la víctima- es el más complicado de abordar. Pues no tener la capacidad de ser autocríticos y de aceptar nuestros errores, impedirá que seamos conscientes de todas estas costumbres que hemos incluido en nuestra rutina y que nos hacen sentir miserables.

Raquel Lemos Rodríguez

Soy escritora y una apasionada de la música. Rodeada de libros desde pequeña, siento la necesidad de plasmar escribiendo aquello que me inquieta y provoca curiosidad.

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Respuestas a esta discusión

Excelente articulo me encanto sobre todo el habito de hacerse la victima, es muy comun

Es imposible ser feliz con todos estos temas negativos. A la vida hay que echarle sal y pimienta por muy hundido que te mantengan los palos que te van cayendo por el camino. Es la única manera de vivir, porque no tienes otra vida para elegir.

¿Y qué tiene de malo la zona de confort? Alguien que ha dedicado su vida a cultivarse y a poner en práctica sus conocimientos en pos de mejorar su vida. Una vez que lo ha logrado ¿Por qué debe continuar en esa escalera? ¿Por qué no detenerse a disfrutar de sus logros sin aspirar siempre a algo más? Con eso no perjudica a nadie. ¿Por qué siempre hay que ir por más?...

Quizá porque la vida es un continuo fluir y que estancarse es lo contrario a estar vivo?.  Eso no habla de excluir el disfrute de lo logrado...De todas formas,  siempre la vida nos aporta en cada instante lo que necesitamos para reaccionar,  aprender y crecer, nos guste o no.

Quizás sea verdad.

Yo creo que no tiene como negar la realidad aunque sea muy tóxico o malo.

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