Para entender mejor a algunos personajes que influenciaron en Gaudí, debemos decir que François Marie Charles Fourier (1772 – 1837) fue un socialista francés de la primera parte del siglo XIX y uno de los padres del cooperativismo. Fourier fue un mordaz crítico de la economía y el capitalismo de su época. Adversario de la industrialización, de la civilización urbana, del liberalismo y de la familia basada en el matrimonio y la monogamia. El carácter jovial con que Fourier hace algunas de sus críticas hace de él uno de los grandes satíricos de todos los tiempos. Propuso la creación de unas unidades de producción y consumo, las falanges o falansterios basadas en un cooperativismo integral y autosuficiente así como en la libre persecución de lo que llamaba pasiones individuales y de su desarrollo; lo cual construiría un estado que llamaba armonía. En esta forma anticipa la línea de socialismo libertario dentro del movimiento socialista pero también líneas críticas de la moral burguesa y patriarcal basadas en la familia nuclear y en la moralidad cristiana restrictiva del deseo y el placer y por ende en parte al psicoanálisis. Así pues, el siglo XX encontró interés en las perspectivas libertarias de cuasi-hedonismo como las de Herbert Marcuse y su aproximación a las ideas de Freud y Marx, o las de André Breton, líder del movimiento surrealista. En su proyecto de una sociedad socialista justa y feliz incorporó a la mujer como objeto de reflexión dentro su proyecto utópico. Su tesis de que la situación de las mujeres era un indicador del nivel de civilización de la sociedad fue literalmente asumida por el socialismo posterior. A Fourier se le ha atribuido durante años el inicio de la utilización de la palabra “feminismo“, pero estudios posteriores han demostrado que el concepto ya existía en el vocablo médico francés del siglo XIX.

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En lo que respecta a John Ruskin (1819 – 1900), que también influyó en Gaudí, debemos decir que fue un escritor, crítico de arte, sociólogo, masón, artista y reformador social británico. Fue uno de los grandes maestros de la prosa inglesa, que influyó notablemente en Mahatma Gandhi. Abogó por un socialismo cristiano. John Ruskin era hijo de un rico comerciante de vinos, cosa que influyó mucho para que él pudiese viajar a distintos lugares de Europa durante su juventud. En 1837 ingresó en Oxford, universidad a la que le legó, una colección de grabados, dibujos y fotografías; también fundó una escuela de dibujo para los estudiantes. En la actualidad se conserva parte de sus obras entre dibujos de la naturaleza y otros más de distintas catedrales góticas. Para comprender el profundo calado de la trama de las sociedades secretas actual hay que tener en cuenta las ideas de John Ruskin. Desde su cátedra de Bellas Artes propugnaba la orientación hacia un nuevo imperialismo que debía fundarse en el deber moral y la reforma social. Ruskin aseguraba que leía la República de Platón a diario e interiorizó el concepto platónico de sociedad perfecta estructurada por el liderazgo de una clase dirigente, situada sobre el resto de la población. Los fundadores del comunismo, Marx y Engels, también fueron apasionados lectores de Platón y se hicieron eco de esta visión de Ruskin. Según Ruskin: «Mi objetivo constante ha sido mostrar la superioridad eterna de algunos hombres sobre los otros, a veces de un hombre sobre el resto». En 1843 apareció el primer volumen de «Modern Painters, by a Graduate of Oxford», en el que Ruskin sostenía la superioridad de los paisajistas modernos sobre los viejos maestros. Descubrió al famoso pintor paisajista inglés William Turner, al que dedicó un famoso ensayo. Sucesivos volúmenes dilataron el tema hasta convertir la obra en un amplio tratado acerca de los principios que debían constituir los fundamentos del arte, lo que contribuyó a consolidar su prestigio como maestro esteta y crítico de arte. Su teoría sobre la arquitectura es meramente moral, una filosofía que está en busca de la verdad. Aplicó consideraciones parecidas a otro dominio del arte en sus «Seven Lamps of Architecture» (1849) donde apuntaba una especie de leyes que todo artista, al momento de crear, debe obedecer: Sacrificio, Verdad, Poder, Belleza, Vida, Memoria y Obediencia. Ruskin considera estas cuestiones como extra arquitectónicas.

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También destacan sus «Stones of Venice» (1851-1853), obras que analizan la importancia religiosa, moral, económica y política de la arquitectura doméstica. Fundó la Company of St George para la mejora social y las artes útiles, desde donde defendió un ornamentalismo ligado a la reforma de la sociedad; así como también, defendía la idea de que la restauración de edificios era una destrucción, no sólo para la arquitectura sino también desde el punto de vista histórico. La restauración de vestigios arquitectónicos, según la filosofía de aquella época lleva a la destrucción de ideas, valores e ideales morales e históricos que nacieron con eses monumentos. Ruskin insiste en que los estilos arquitectónicos ya existentes, bastan para las necesidades de la sociedad contemporánea; y concluye de manera dogmática, que no quiere nuevos estilos arquitectónicos. Según él, cada estilo arquitectónico debe de someterse a la lámpara de la verdad para ser aceptado como estilo universal. Para Ruskin, cada obra arquitectónica debe poder deducirse de la naturaleza en su calidad de creación de Dios. Es decir, cuando procede de la naturaleza del hombre, debido por un lado a sus facultades artesanales y las leyes naturales de los materiales empleados, y por otro a un uso acorde a la naturaleza de los mismos. Además, exige sinceridad y amor a la verdad en el ámbito de construcción. Prefiere materiales como la piedra y la madera, y observa que la elaboración de nuevos materiales puede ampliar las posibilidades de la arquitectura. Pero Ruskin solo acepta esos nuevos materiales si son producidos directamente por el hombre, de manera natural o artesanal. En su opinión, el uso de estructuras de hierro son una violación a la naturaleza. Pero en el marco de una arquitectura meramente utilitaria, Ruskin tolera el uso de estos materiales, otorgándoles una dignidad propia, por lo que establece una diferencia entre la arquitectura, como expresión de belleza libre de toda utilidad, y la arquitectura del ingeniero, que es utilitaria. En pocas palabras, son esferas separadas dentro de la misma arquitectura. Los argumentos de Ruskin son estéticos. Se basa en la coherencia de los efectos en la pintura, y defiende un ideal de diversidad arquitectónica. Asimismo desarrolla un abanico de adornos arquitectónicos que van desde lo orgánico hasta formas más abstractas. La obra de Ruskin destaca por la excelencia de su estilo. Rebelándose contra el entumecimiento estético y los perniciosos efectos sociales de la Revolución industrial, formuló la teoría de que el arte, esencialmente espiritual, alcanzó su cenit en el Gótico de finales de la Edad Media, un estilo de inspiración religiosa y ardor moral: “La arquitectura no es sólo técnica de construcción, también es arte, es el arte que dispone y adorna a los edificios levantados por el ser humano para el uso que sea, de modo que la visión de ellos contribuya a su salud mental, poder y placer”.

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John Ruskin, al igual que Gaudí, veía en la naturaleza, en las flores y en sus hojas, formas que podían ser llevadas a la arquitectura, y así el hombre podía entablar en el recinto arquitectónico, una sensación de apacibilidad, serenidad y belleza. Su idea de belleza posee una doble naturaleza. Una es la belleza abstracta de las cosas, sin ninguna consideración más que la forma, y otra la que se puede reconocer tras un proceso de elaboración y trabajo paciente del artista en la obra, de ahí su gran admiración por Fra Angélico. Ruskin entabló amistad con los pintores Dante Gabriel Rossetti, Edward Burne-Jones y John Everett Millais. También es conocida su fascinación hacia la belleza de las niñas. En 1859 Ruskin conoció en una escuela infantil de Wington a la que será más tarde su esposa, Effie Gray, de 12 años de edad. Señaló a Rafael como autor del pecado de pintar con más detalle unas partes que otras. Los alumnos de Ruskin fueron llamados prerrafaelistas. Él mismo señaló a este grupo como la esperanza artística de Inglaterra. Como economista y reformador social, se manifestó franco e inflexible enemigo de lo que consideraba egoísta y letal en las doctrinas de la llamada escuela de Manchester, siendo en esta esfera donde se concentró su serie de cartas dirigidas a los obreros y braceros del Reino Unido, que influyeron en los reformistas sociales durante tres generaciones. Obtuvo la primera cátedra Slade de Arte en la Universidad de Oxford en 1869, cargo que ejerció hasta 1879. Legó a esta Universidad una importante colección de grabados, dibujos y fotografías, además de donar una importante suma de dinero para la creación de un centro de enseñanza del dibujo. Ruskin ilustró numerosas de sus obras con dibujos de su propia mano. Desde 1885 hasta su muerte en 1900 vivió retirado en Brantwood, en el noroeste de Inglaterra, después de que en 1889 quedara incapacitado por el agravamiento de los episodios de locura que venía padeciendo desde 1870. Entre sus obras sobre asuntos económicos, sociales y éticos destacan Sesame and Lilies (1865), Ethics of the Dust(1866) y Crown of Wild Olive (1866). Escribió más de 250 obras que empezaron en la historia y crítica del arte, pero que terminaron en materias tan variadas como la ciencia, geología, crítica literaria, ornitología, los efectos de la polución sobre el medio ambiente o mitología. Después de su muerte, sus obras fueron recogidas en una extensa colección, llevada a cabo por sus amigos Edward Cook y Alexander Wedderburn en 1912.

En la obra de Gaudí se hallan innumerables ejemplos de simbología esotérica relacionada con la masonería, la alquimia y el hermetismo. Por ejemplo, el horno de fusión o atanor es el instrumento más característico de un laboratorio alquímico. En el Parc Güell, sobre la escalinata de la entrada, nos encontramos con una estructura en forma de trípode, que en su interior contiene una piedra sin desbastar, perpetuamente mojada por un pequeño surtidor. Este elemento representa la estructura básica de un horno de fusión alquimista y es una copia del modelo que aparece en un medallón del pórtico principal de la catedral de Notre-Dame de París. Básicamente, el atanor consta de una envoltura exterior, compuesta de ladrillos refractarios o cemento. Su interior está lleno de cenizas que envuelven el “huevo filosófico“, la esfera de vidrio en cuyo interior se halla la materia prima o piedra sin desbastar. Un fuego situado en la parte interior es el encargado de calentar el huevo, pero no directamente, ya que es difuminado por las cenizas. La alquimia, además de una técnica espiritual o forma de mística, se basaba también en el trabajo sobre minerales y operaciones físicas concretas y se caracterizaba por la equivalencia entre las operaciones del laboratorio y las experiencias del alquimista en su propio cuerpo. Otro ejemplo lo constituye “los tres grados de perfección de la materia”. Aquí se hace referencia a la piedra en bruto que se encuentra en el interior del atanor. La piedra sin desbastar representa el primer grado de perfección de la materia, el segundo grado viene representado por la piedra desbastada en forma de cubo, y en tercer lugar un cubo acabado en punta, es decir, con una pirámide superpuesta. En la simbología masónica estas tres formas representan también las tres posiciones que se pueden ir asumiendo dentro de la Logia, aprendiz, compañero y maestro, tal como eran los grados tradicionales de las hermandades obreras medievales. Gaudí plasmó en la torre Bellesguard, también conocida como Casa Figueras, todo este simbolismo. La estructura del edificio, situado al pie de la sierra de Collserola, en Barcelona, y construido con piedra y ladrillo, está formada por un cubo coronado por una pirámide truncada. La orden de los francmasones dice que “cada hombre debe tallar su piedra“. Y es que esa piedra será tanto la piedra angular del templo como la piedra angular de la personalidad del masón. El trabajo ulterior de perfeccionamiento consistirá en superponer una pirámide al cubo. Un tercer ejemplo lo constituye la cruz en seis direcciones. Este elemento que se halla en la mayoría de proyectos y construcciones de Gaudí, es una representación de un principio arraigado, pero situado, al menos formalmente, dentro del campo de la Iglesia.

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Gaudí utilizó dos técnicas para realizar las cruces en seis direcciones. La primera la podemos encontrar en el colegio de Santa Teresa de Barcelona, que es un desarrollo evidente de la piedra cúbica. Se trata de la proyección espacial de la piedra cúbica. En el “Turó de les Mines” del Parc Güell figuran tres cruces que no son más que dos taus a las que se han superpuesto sendos cubos coronados por sus correspondientes pirámides. La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo y decimonona letra del alfabeto griego. Pero es también una señal o signo, todo un símbolo. Estas taus indican las direcciones norte-sur y este-oeste y entrelazadas, nos indican los cuatro puntos cardinales. La tercera cruz, por su parte, es una flecha que indica una dirección ascendente. Inicial de la palabra tierra, la tau es un símbolo de origen remoto que aparece en monumentos megalíticos de las islas Baleares en forma de taules, un pedestal sosteniendo una superficie pétrea. Dentro de la francmasonería, tal como ya hemos indicado anteriormente, la tau tiene un simbolismo preciso. Por una parte, representaría a Matusael, descendiente de Caín, que crearía este símbolo para reconocer a sus descendientes y, por otro, sería el signo de reconocimiento que realizaría el oficiante con la mano derecha en la ceremonia de acceso al grado de Maestro. Vemos que los compiladores bíblicos hacen partir de Adán y Eva dos linajes. El primero tendría inicio en Caín, y continuaría con Enoc, Irad, Mahujael, Matusael y Lamec, que a su vez tendría como hijos a Jabel, Jubal y Tubal, tres patriarcas civilizadores. El segundo linaje es el de Set, y estaría compuesto por los patriarcas Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Henoc, Matusalén, Lamec y Noé, que tuvo como descendientes a Sem, Cam y Jafet. Otro importante ejemplo lo constituye la letra “X”, que tiene una gran importancia en el simbolismo masónico. Este símbolo se encuentra en las bóvedas de la cripta de la Colonia Güell, donde está repetido hasta trece veces, y también en el pórtico del Nacimiento de la Sagrada Familia, en la cruz que corona el Árbol de la Vida, que muestra una descomunal “X”. Este símbolo se realiza sobre la base de un hexágono regular y forma el perímetro interior de dos triángulos equiláteros entrelazados, los cuales formarían la estrella de David, que sería la notación alquímica de los cuatro elementos básicos. El hexágono es una forma muy repetida en la obra de Gaudí, del cual incluso se puede extraer un cubo volumétrico si dividimos el hexágono en tres rombos.

También es remarcable el ejemplo del pelícano. Este animal, en otro tiempo símbolo de Cristo, lo podemos encontrar en el Museo de la Sagrada Familia y estaba destinado al Pórtico del Nacimiento. Pero tal vez uno de los ejemplos más significativos lo representa la salamandra, la serpiente y las llamas. Cabe hacer una interpretación hermética de la simbología de este elemento, que es la única integradora de todo el conjunto: una cabeza de serpiente situada en el centro de un gran disco, envuelta en llamas, que, a su vez, están envueltas de agua. Los herméticos eran conocidos como “filósofos por el fuego” y su obra se basaba en ordenar el caos. Como al principio de los tiempos, la ruina y el mal se extendieron por el mundo por obra de la serpiente, y para ordenar ese caos era necesario quemarla. Así, el círculo simboliza el caos, la oriflama es la llama que contiene el azufre y la serpiente es el espíritu mercurial. También debemos señalar el lagarto como un importante símbolo, que podemos observar en la fachada de la Sagrada Familia. Es el animal que baja desde el atanor hasta el disco descrito anteriormente y que se ha interpretado como una salamandra, una iguana e incluso un cocodrilo, pero su característica más importante es su dorso sinuoso. Se trata de una imagen estática que sugiere una sensación de movimiento muy acusada, una nueva representación del mercurio originario, una reiteración de las funciones del atanor, es decir, obrar la separación, decantar las partes fijas del mineral de las volátiles. Las escalinatas del Parc Güell se nos presentan así como un paradigma hermético que contiene los principios de la obra y no en vano son muchos los textos alquímicos que insisten que toda la obra se realiza a través del mercurio. También es destacable el simbolismo del Árbol Seco y el Árbol de la Vida. El amor de Gaudí por la naturaleza estuvo siempre presente en toda su obra. Sus construcciones están llenas de elementos ornamentales que hacen referencia al reino vegetal. El simbolismo alquímico está repleto de imágenes relacionadas con la agricultura y el reino vegetal. El Árbol Seco representa el símbolo de los metales reducidos de sus minerales y fundidos; la temperatura del horno les ha hecho perder vida y, por lo tanto, deben ser vivificados. En el Árbol Seco siempre existe una chispa de vida, aquella que puede hacer posible su resurrección. De hecho, siempre pueden verse en él algunas hojas que indican la posibilidad de que reverdezca de nuevo. La imagen del Árbol Seco fue colocada por Gaudí en sus obras capitales, representando una naturaleza vegetal petrificada que mantiene, sin embargo, un foco de vida. Muchas de estas imágenes se hallan en el Parc Güell.

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El Árbol de la Vida, como bien indica su nombre, es el árbol inmortal, el símbolo de la vida eterna. La representación iconográfica más reiterativa de esta clase de árbol es el ciprés. Gaudí lo sitúa en el centro del pórtico del Nacimiento de la Sagrada Familia, rodeado de palomas blancas, que a su vez, simbolizan las almas renovadas que ascienden hacia el cielo. Pero uno de los ejemplos más sublimes de la simbología gaudiniana la constituye el dragón ígneo y el laberinto. La imagen del dragón es una constante en la obra de Gaudí. Ciertamente, es una imagen que asociamos de forma inmediata a la leyenda de Sant Jordi, patrón de Catalunya, pero, a diferencia de otros arquitectos modernistas, Gaudí lo representa siempre de forma solitaria. El día de San Jorge conmemora la muerte de este santo el 23 de abril de 303. Además, es el santo patrón de países como Bulgaria, Etiopía, Georgia, Inglaterra o Portugal. En España lo es de las comunidades autónomas de Aragón, Catalunya e Islas Baleares. Una de las versiones de la leyenda nos dice que en Capadocia, en la actual Turquía, había un dragón que atacaba al reino. Muertos de miedo, los habitantes decidieron entregarle cada día dos corderos al dragón para satisfacer su hambre y que no atacase la villa. Pero cuando los animales empezaron a escasear, decidieron enviar a una persona, escogida por sorteo, y sólo un cordero. Aquella familia que sufría la pérdida de uno de sus miembros devorado por el dragón recibía, en compensación, todo tipo de riquezas. A partir de aquí, hay dos versiones de la leyenda. Por un lado, que el pueblo se cansó de que ningún miembro de la familia real fuera enviado y que, por lo tanto, debía ser la princesa quien fuera la siguiente en ser devorada. La otra versión, relata que un día fue la princesa la escogida por sorteo para acompañar al cordero. Sea como fuera, en la cueva del dragón, la princesa se encontró al caballero Jorge, quién mató al dragón clavándole su espada y la salvó. De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo nació una rosa roja que el caballero ofreció a la princesa. El rey donó al caballero riquezas inimaginables, pero Jorge prefirió que se repartieran entre los habitantes del reino. Además, en una iglesia construida en su nombre, se cuenta que brotaba un agua milagrosa capaz de curar a los enfermos. Por eso, en Catalunya, Baleares y en partes de la Comunidad Valenciana se acostumbra que cada 23 de abril los hombres regalen rosas a las mujeres, como si de un caballero y una princesa se trataran. Ellas les regalan un libro, recordando el fallecimiento de dos grandes de la literatura europea, Cervantes y Shakespeare.

El dragón situado en la verja de los pabellones Güell está inspirado en L’Atlàntida, poema escrito en catalán por Jacinto Verdaguer en 1877, ya que se trata de un dragón encadenado, que custodia el acceso al jardín de las Hespérides. El dragón está ligado al simbolismo de la serpiente, y se trata de una serpiente con alas que arroja llamas por la boca. Los rosacruces introdujeron imágenes de caballeros que clavaban sus lanzas en dragones furiosos. Al analizar las características míticas de este animal, su ardor ígneo aparece como la representación de nuestros instintos más incontrolables. Vencer esta fuerza, dominar nuestro espíritu, supone la posibilidad de penetrar en los dominios del Ser. Los hay alados, de grandes fauces y lengua temible, con escamas acerbas, mirada feroz y patas de garras imponentes. Otros presentan expresión menos amenazadora, carecen de patas y alas, y su cuerpo evoca la sinuosidad de la serpiente o el nerviosismo de la lagartija. Aparecen en lugares insospechados, bajo aleros, cornisas y balcones, en dinteles de puertas, camuflados en lámparas, picaportes, y comportándose como seres rampantes, trepadores, orgullosos, siempre prestos a esgrimir sus uñas ganchudas. Así son los dragones que habitan en Barcelona, ya se trate de representaciones en piedra, forja, madera, azulejo, mosaico o trencadís. L’Eixample de Barcelona es la zona de la ciudad con mayor densidad de dragones, posiblemente porque ahí se construyeron muchos edificios modernistas y al modernismo parece que le gustaban los dragones. Algunos ejemplares figuran junto a Sant Jordi, el héroe caballeresco patrón de Catalunya, pero otros están solos, y los más se presentan emparejados o en grupo, y difieren sobremanera en tamaños, formas y actitudes. Según el arquitecto Juan Bassegoda Nonell, que fue titular de la Cátedra Gaudí durante más de treinta años: “La figura del dragón, un ser inexistente, seducía mucho en el modernismo, por tratarse de un personaje exótico, y porque el modernismo es una mezcla de lo neogótico y lo exótico”. Hay en la ciudad representaciones de dragones desde la Edad Media y se encuentran muestras en la catedral gótica y en algunas iglesias antiguas.

Pero la singularidad que Barcelona aporta al universo cultural e iconográfico del dragón se debe sobre todo a la obra de Gaudí, que plasmó aquí dos dragones muy especiales: el del trencadís del Parc Güell, y el de hierro forjado de la finca Güell, cargados ambos de gran simbolismo. “Los dragones de Gaudí están extraídos de la mitología y de la historia, y reflejan las ideas del conde de Güell sobre la Renaixença: catalanismo, mitología y religión”, según Bassegoda. Así, el dragón de la puerta de la finca Güell es Ladón, fiero guardián de la entrada del jardín de las Hespérides, que fue muerto por Hércules, según se relata en  L’Atlàntida de Jacint Verdaguer. Parece ser que estaba dedicada al marqués de Comillas, suegro de Güell. Ese dragón imponente, de más de cinco metros de envergadura, con fauces y dientes recortados, alas de murciélago y cola en espiral, sorprende a los turistas por su ferocidad. En el otro extremo tenemos al dragón de colorines del Parc Güell, que es Pitón, la serpiente del templo del oráculo de Delfos que, según la mitología griega, cayó muerta a manos de Apolo, quien la enterró en el sótano del templo y acabó convirtiéndose en protectora de las aguas subterráneas. Según el profesor Bassegoda, “el templo de Delfos era dórico, y por eso Eusebio Güell quiso que las columnas del parque que encargó a Gaudí fueran de tipo dórico”. Es realmente sorprendente que en una ciudad occidental como Barcelona puedan observarse  tantos dragones de todos los tamaños, representados como cocodrilos, serpientes, lagartos, salamandras, reptiles, dragones y saurios en general. Si excluimos el lomo de dragón del tejado de la casa Batlló, el más grande resulta ser el del parque de la España Industrial, de 32 metros de longitud y 150 toneladas de peso, mientras que el más pequeño es una pareja engarzada en los tiradores de las puertas del Pati dels Tarongers, en el Palau de la Generalitat.  También son reseñables las cuatro dragonas de la pastelería Foix, de Sarrià, ya que son de las poquísimas féminas de dragón representadas en la ciudad. El famoso dragón chino de la casa de los Paraigüesde la Rambla, un edificio pre-modernista de Josep Vilaseca; los cocodrilos sumergidos en las aguas de la fuente de la plaza España; o las grandes lagartijas gaudinianas del templo de la Sagrada Familia. Impresionan sus ojos altivos y firmes.

La palabra dragón viene del latín draco, que procede del griego drákon, a su vez derivado de la voz griega dérkomai, que significa ‘mirar con fijeza’. Según algunos eruditos, esa cualidad explicaría su condición de guardián mítico de doncellas y tesoros, combatidos por dioses, santos o héroes, aunque el combate legendario entre el caballero y el dragón se vincula a mitos indoeuropeos de lucha entre dioses de la guerra y el dragón demoniaco bíblico-babilonio. De Sant Jordi está más documentado su culto que su existencia, pero la leyenda lo sitúa en el siglo III, nacido en Capadocia o Nicomedia, y mártir por decapitación durante la persecución de los cristianos por el emperador romano Diocleciano. Su leyenda llegó a estas tierras en el siglo XV. Algunos dragones de Barcelona aparecen junto a Sant Jordi, mientras otros ejemplares son orientales y denotan el gusto por los elementos exóticos de la burguesía catalana en los tiempos del modernismo. En aquella época la decoración era fundamental, así que los dragones se representaban en muebles, puertas, joyas y cortinas. Los gustos actuales dificultan su utilización como elemento decorativo, pese al crecimiento de la población china y a que un escritor como Carlos Ruiz Zafón acostumbre a llevar uno en la solapa. Los dragones orientales, seres sin alas pero voladores, se consideran seres benévolos, cargados de sabiduría, mientras que los dragones occidentales suelen ser considerados maléficos. Según el arquitecto Bassegoda, “El dragón es un monstruo inventado, por lo que cada artista ha podido apelar a su propia imaginación a la hora de plasmarlo, y por eso son tan diversos”. Pero no todo lo referente a los dragones puede considerarse simplemente como un elemento decorativo. Para profundizar en este tema, recomiendo leer el artículo “los dioses serpiente y dragón en la mitología, ¿reflejan una realidad en las antiguas civilizaciones?

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Tal como hemos comentado anteriormente, algunos de sus biógrafos argumentan que Gaudí fue masón y que algunas de sus obras, como el templo de la Sagrada Familia y el Parc Güell contienen múltiples símbolos de la masonería. El escritor Josep Maria Carandell analiza en su libro El Parque Güell, utopía de Gaudí, una gran cantidad de detalles de claro origen masónico y afirma que pertenecía a una organización secreta ”probablemente relacionada con la masonería inglesa”. Pero el primero en explicar la pertenencia de Gaudí a la masonería fue el escritor anarquista Joan Llarch, en el libro Gaudí, una biografía mágica. Llarch asegura que Gaudí, en sus excursiones por la montaña, habría ingerido el hongo alucinógeno Amanita Muscaria, que tiempo después colocaría como adorno en una de las casitas situadas a la entrada del Parc Güell. Al parecer, este hongo provoca estados alterados de conciencia y el tránsito hacia otra realidad. Tal vez sería ese estado en el que Gaudí habría imaginado las formas características de su arquitectura. Eduardo Cruz, uno de sus biógrafos, asegura que perteneció a la Orden de los Rosacruzy otros insinúan que tuvo tendencias panteístas y ateas. Los detractores de estas teorías aseguran que un cristiano como Gaudí no podía ser de ningún modo masón. De todos modos, en la historia de la masonería puede comprobarse la pertenencia a la misma de insignes cristianos. Aquí tenemos que señalar dos etapas diferentes en la vida de Gaudí. Por una parte tenemos a un Gaudí que en su juventud vivió en un ambiente de sociedades secretas e iniciáticas, cuya compañía parece que nunca terminó de abandonar por completo, tal y como lo demuestra la amistad con el pintor uruguayo y notorio masón neo-pitagórico Joaquim Torres García. Y por otra, tenemos a un Gaudí que en su madurez, con el paso de los años, fue acentuando su catolicismo, transformándose en un místico, al margen de cualquier obediencia, rito o disciplina.

Aún sin terminar, desde el inicio de su construcción en 1882, la Sagrada Familia ya ha obtenido la calificación de obra maestra de Gaudí. Su terminada Fachada del Nacimiento y su cripta son Patrimonio de la Unesco. Además fue declarada Basílica en el año 2010. Como es lógico, sus casi 150 años, dan pie a albergar todo tipo de rumores, leyendas y misterios. De estilo modernista, aúna los elementos característicos del arquitecto con la simbología cristiana. El decano de la Facultad de Teología de Barcelona, Armand Puig, ha desvelado las claves del Evangelio cristiano a través de sus elementos arquitectónicos y decorativos de la obra de Gaudí en su libro La Sagrada Familia según Gaudí. Armand Puig ha hecho una breve interpretación de todos los símbolos y detalles que llenan este templo. Una es el libro del Apocalipsis. La Sagrada Familia es la Nueva Jerusalén, aquella que llegará al final de la historia humana. Gaudí se basó en el libro del Apocalipsis para toda la creación del templo. Podría decirse que Gaudí traduce en piedra lo que el libro del Apocalipsis traduce en letra. Gaudí dice que la observación es clave para la comprensión y así las formas que desarrolla arquitectónicamente son el resultado de la observación de la naturaleza aplicada a las Sagradas Escrituras. Sus modelos son el reino vegetal, el reino animal y el reino mineral. El mundo vegetal está presente en la Sagrada Familia sobre todo en el interior de la nave, donde aparece una auténtica arboleda de columnas. Estas columnas están pensadas a imitación de los árboles. Además, en las cubiertas de la basílica Gaudí plasmó cestos con frutas. Estos cestos están en relación con los árboles y evocan lo que aparece en el libro del Apocalipsis. Justo hay doce cestos con frutas simulando las doce cosechas del año, una para cada mes, que se supone habrá en la Nueva Jerusalén celestial. Hay 36 árboles arboles columna, que no están adosados al muro. Si sumamos los que están adosados, hay 52 en total. Hay animales por todas partes. Por ejemplo, tenemos el cordero, que representa a Cristo, y está muy presente en diversas partes, por ejemplo, en la cruz más alta del centro del crucero. Está también reflejado en la fachada de la Pasión. En la fachada de la Natividad aparecen también diversos animales: una serpiente con una manzana, dos tortugas y dos camaleones. Estas tres especies son anfibios y reptiles, y por tanto, supuestamente representación del mal. También hay una paloma, que representa el Espíritu Santo.

El reino mineral aparece en las ventanas del interior, en las que Gaudí pinta como cristales minerales. En la fachada de la Natividad, por ejemplo, pone montañas, las montañas de Montserrat. Pone también nieve, flores y animales pequeñitos. Le gusta que allí quede en piedra tal cual es en la naturaleza. La escultura para Gaudí es reflejo de lo que es el hombre, y es muy naturalista. En la fachada de la Pasión, sin embargo, hizo una cosa distinta, ya que allí las esculturas no tienen este aspecto, sino mucho más cúbico. Para Gaudí esta fachada tiene que ser la representación de la muerte de Cristo, y él quería que todo fuera mucho más dramático, por lo que representó a Jesús en los huesos. Por eso hay seis columnas que suben de abajo a arriba, representando a seis grandes huesos con tendones y nervios, que representan a Jesús en la cruz. Encima de éstos hay 18 más. En total 24 huesos, que es el número de costillas que tenemos. Representa también a los ángeles sin alas porque les ve muy parecidos a los hombres. Los cuatro evangelistas también están representados. Los números también son un elemento importante. La basílica tiene cinco naves. Estas naves tienen unas proporciones en relación constante con las cifras 7,5 y 12. Por ejemplo, la longitud de la Sagrada Familia es de 90 metros, en que 90 es el resultado de multiplicar 7,5 por 12. A partir de aquí sale un poco de todo. El crucero tiene una longitud 60 metros, el resultado de multiplicar 7,5 por 8; la anchura del crucero son 30 metros, que es el resultado de multiplicar 7,5 por 4; la altura de la nave central son 45 metros, que es el resultado de 7,5 por 6; y el ábside tiene una altura de 75 metros, que es el resultado de 7,5 por 10. El 7,5 marca las medidas y el 12 las proporciones. El 12 es la simbología de los 12 apóstoles y las 12 tribus de Israel, así como de los 12 meses del año y de los signos del zodíaco. pero su arquitectura se basa en la geometría, de ahí la helicoide, el paraboloide, la hipérbole, etc… Todo funciona con la geometría. El paraboloide se construye con dos líneas rectas hacia el infinito y una tercera línea que las une. Representarían al Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Gaudí descubrió la mecánica del número tres puesta dentro de la geometría y se supone que la puso en conexión con la Trinidad. También la estrella: es muy importante y termina en la torre de Santa María Virgen y está encima del Nacimiento. Es la estrella de Navidad y es cósmica. También aparecen las constelaciones. Hay 18 torres. Cada una tiene un nombre de Apóstol, que son 12, y terminan con los atributos episcopales: una nitra, un báculo y un anillo, que simbolizan la Iglesia y a sus sucesores, los obispos. Luego hay 6 torres más, que representarían a Jesucristo, la Virgen y los cuatro evangelistas. El pórtico de la Natividad es el pórtico de la lírica, mientras que el de la Pasión es el de la dramática, y el de la Gloria es el de la épica, porque representa el del Juicio final. El trono de Dios son las cuatro columnas de los evangelios que se levantan hasta la bóveda. Son las cuatro patas del trono de Dios. Aparece de nuevo la simbología trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo, muy presente en todo momento en la Sagrada Familia. En la fachada del Nacimiento podemos ver tres portales dedicados a las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. Además de la genealogía de Jesús y la representación de las edades del hombre a través de los Reyes Magos, existen, como rasgos diferenciales, dos tortugas, una marina y una terrestre, como guiño a la cultura china que representa el equilibrio del cosmos. Es precisamente la fachada del Nacimiento la única que pudo ver Gaudí terminada en vida. No fue una sorpresa porque el arquitecto nunca planeó que este templo fuese terminado por él sino que pretendía que su labor continuara durante varias generaciones. No obstante, y con el paso de los años, se observa claramente que la piedra de esta fachada está más desgasta respecto al resto. Gaudí descansa en su interior, en la Capilla del Carmen. Cada elemento de la Sagrada Familia, como sus piedras, sus pórticos, etc., tienen un sentido específico, aunque todos ellos tienen una intención común, la unificación de la fe católica en un único templo. Por ello, se dice que esta obra arquitectónica es la representación de una biblia elaborada en piedra. No es poca la literatura que intenta relacionar a Gaudí con la masonería e incluso ofrecen todo tipo de justificaciones a partir de la iconografía de la Sagrada Familia. Además de su nacimiento bajo el mecenazgo de Güell, reconocido masón, los símbolos de compás y escuadra son una de las pruebas más evidentes.

Pero la masonería no es el único misterio que planea sobre la figura de Gaudí. Su pasión por los enigmas y los misterios son otro de los sellos distintivos en sus obras. En el caso de la Sagrada Familia, existe una tabla de 4×4 números cuyo significado no está contrastado. La suma de  todos los números apunta, nuevamente a la masonería, pero, descartando que se deba únicamente al azar, no es una teoría demostrada. La procedencia del nombre con el que ha sido conocida la Sagrada Familia es el de ‘Templo Expiatorio de la Sagrada Familia’. La razón es que su construcción se llevó a cabo financiada exclusivamente con el dinero obtenido a través de diversas, múltiples y cuantiosas donaciones. En su concepción original se contemplaban hasta un total de 18 torres, 12 de ellas más bajas simbolizando a los Apóstoles, agrupadas en tres bloques con cuatro torres, es decir, un conjunto en cada fachada. La más alta alcanzará los 170 metros de altura y será la portadora de la cruz, símbolo de Jesucristo. La Sagrada Familia sufrió destrozos durante la Guerra Civil española. Uno de los más dañinos para el desarrollo arquitectónico de la obra proyectada por Gaudí fue el incendio en la cripta, que destruyó maquetas y planos del templo. Aunque el desarrollo de planos, maquetas y la dirección inicial de la construcción es atribuida a Gaudí, la idea de levantar la Sagrada Familia se vincula al librero Josep María Bocabella, quien a su vez se inspiró en el canonizado Josep Manyanet. Josep Manyanet i Vives (1833 – 1901) fue un sacerdote católico catalán, que promovió la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, el monumental y aún inconcluso magnum opus de Antoni Gaudí, en Barcelona. Para aquellos que quieran sumergirse en un sinfín de secretos que rodean la construcción de la Sagrada Familia existen varias obras publicadas al respecto. Los donativos desinteresados y la recaudación procedente de la entrada donativo de los unos tres millones de visitantes anuales son los que permiten su construcción. El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia está gestionado por una fundación eclesiástica, cuya finalidad fundacional es la administración de los presupuestos y la ejecución del proyecto de construcción de un templo dedicado a la Sagrada Familia, siguiendo fielmente las directrices iniciales de Antoni Gaudí.

La intención de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, que representara una ruptura con los estilos dominantes en la época, tanto los de tradición academicista  como los rupturistas, con el realismo o impresionismo, impulsó el modernismo. En la estética nueva que se trató de crear predominaba la inspiración en la naturaleza, a la vez que se incorporaban novedades derivadas de la revolución industrial, como el hierro y el cristal, superando la pobre estética de la arquitectura del hierro de mediados del siglo XIX.  En el ámbito religioso, algunos aspectos de la proyección liberal de los modernistas hispánicos, con su fuerte simbolismo o sus aficiones ocultistas y esotéricas, así como con sus relaciones con la masonería, hicieron sospechar ciertos parentescos con actitudes anticatólicas, lo que llevó a la condena por Pío X de la amplia fórmula del llamado Modernismo teológico. Para la Iglesia Católica, Gaudí no era modernista. Gaudí usa formas discontinuas, imitando la geometría y las formas de la naturaleza. Con respecto a la masonería, hay pruebas que avalan que Gaudí lo fuese. Nacido en Reus, cuna de masonería, en que Eduard Toda, su amigo de la infancia, era masón, así como bajo el mecenazgo de Güell, reconocido masón, y con discípulos masones reconocidos, como Joan Rubio i Bellver, es difícil no creer que él también fuera masón. En sus facturas suele aparecer en el membrete el compás y la escuadra. Por otro lado, el marqués de Monteleón cita en su diario una serie de reuniones masónicas en el Parc Güell a las que acudía Gaudí, y en sus obras hay demasiada simbología masónica. Una frase de Gaudí lo expresa todo: “Todo el mundo encuentra sus cosas en el templo: los campesinos ven gallinas y gallos; los científicos, los signos del Zodíaco; los teólogos, la genealogía de Jesús; pero la explicación, el raciocinio, sólo la saben los competentes y no se debe vulgarizar”. Partiendo de la Sagrada Familia, su extraño anagrama presenta bajo la cruz de Jesús, la sierra de San José con la “M” de María entrelazada. El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es una basílica católica de Barcelona, diseñada por el arquitecto Antoni Gaudí. La construcción comenzó en estilo neogótico, pero, al asumir el proyecto Gaudí en 1883, fue completamente replanteada. Según su proceder habitual, a partir de bocetos generales del edificio improvisó la construcción a medida que avanzaba. Gaudí se hizo cargo del proyecto con sólo 31 años, y le dedicó el resto de su vida, los últimos quince en exclusiva. El templo, cuando esté terminado, dispondrá de 18 torres: cuatro en cada una de las tres fachadas y, a modo de cúpulas, se dispondrá de un sistema de seis torres, con la torre cimborio central, dedicada a Jesús, de 170 metros de altura, otras cuatro alrededor de esta, dedicadas a los evangelistas, y un segundo cimborio dedicado a la Virgen.

En 1926, al morir Gaudí, solo se había construido una torre. Del proyecto del edificio solo se conservaban planos y un modelo en yeso que resultó muy dañado durante la Guerra Civil. Sin embargo, desde entonces han proseguido las obras sin interrupción. Actualmente están terminados los portales del Nacimiento y prácticamente el de la Pasión, y se ha iniciado el de la Gloria; se ha cubierto todo el espacio interior, y se han puesto las bases de las seis torres centrales. La obra que realizó Gaudí, es decir, la fachada del Nacimiento y la cripta, fue incluida en 2005 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad «Obras de Antoni Gaudí». El templo fue consagrado y declarado Basílica menor el 7 de noviembre de 2010 por el papa Benedicto XVI. La idea de construir un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia en unos nuevos terrenos del Eixample barcelonés fue del librero Josep Maria Bocabella, inspirado por el sacerdote Josep Manyanet, fundador de las congregaciones religiosas Congregación de Hijos de la Sagrada Familia y Congregación de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, encargadas de promover el culto a la Sagrada Familia y fomentar la educación cristiana de niños y jóvenes. El proyecto fue encargado en primer lugar al arquitecto Francisco de Paula del Villar y Lozano, que ideó un conjunto neogótico y desechó la idea de Bocabella de hacer una réplica del Santuario de Loreto, que se supone fue la casa de José y María en Nazaret. El proyecto de Villar consistía en una iglesia de tres naves, con los elementos típicos del gótico, como los ventanales alveolados, los contrafuertes exteriores y un alto campanario en forma de aguja. La primera piedra se colocó el 19 de marzo de 1882, día de San José, con la presencia del entonces obispo de Barcelona José María Urquinaona. Gaudí asistió a la ceremonia, ya que había trabajado como ayudante de Francisco de Paula del Villar y Lozano en varios proyectos. En este momento no se podía imaginar que él pasaría a ser el arquitecto de dicha obra. Las obras no se iniciaron hasta el 25 de agosto de 1883, siendo adjudicadas al contratista Macari Planella i Roura.

En 1883 Villar renunció por desavenencias con Joan Martorell, arquitecto asesor de Bocabella. El proyecto se ofreció al propio Martorell, pero al rehusar éste fue ofrecido a un joven Gaudí de 31 años. Gaudí había sido ayudante de Martorell en varias construcciones, hecho que motivó la recomendación del recién licenciado arquitecto, que aún no había ejecutado grandes obras. Al hacerse cargo Gaudí del proyecto lo modificó por entero, salvo la parte ya construida de la cripta, y le imprimió su estilo peculiar. Durante los restantes 43 años de su vida trabajó intensamente en la obra, los últimos 15 años de forma exclusiva. Dentro de la manzana de la Sagrada Familia, en la esquina Sardenya/Provença, Gaudí construyó la casa del sacerdote custodio en 1887. Años más tarde instaló aquí su obrador, formado por su estudio, un taller y un almacén, siendo además el lugar donde vivió los últimos años de su vida. En 1936, diez años después de la muerte del arquitecto, el edificio fue asaltado, saqueado y quemado por anarquistas en el marco de la Guerra Civil Española. El incendio destruyó gran parte del obrador, así como la mayoría de las maquetas y planos originales dejados por Gaudí. Tras la guerra, el edificio fue reconstruido siguiendo el modelo original, pasando a albergar los despachos parroquiales y las oficinas de la Junta Constructora del Templo. En 2011 el edificio fue parcialmente derruido, para dejar sitio a la construcción de la sacristía situada entre el ábside y la fachada de la Pasión, según el proyecto dejado por Gaudí. La fachada del Nacimiento, en la calle Marina, está formada por 3 pórticos dedicados a las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. En la masonería la Fe se explica en nuestra creencia ineluctable hacía los símbolos, pues son ellos los que no solo nos guían el camino hacia la perfección humana, sino que además nos van enseñando una de las facetas más importantes en un masón: el conocimiento de sí mismo. La Esperanza, puede ser entendida como la herramienta que nos brinda resistencia y perseverancia, esto es, lo que nos sostiene y empuja hacia el final del camino que hemos iniciado, pues es claro que no se trata de un trayecto corto y llevadero. Por el contrario, el camino hacia la verdad es muchas veces tenebroso y oscuro, necesitando de la esperanza para tener razones para luchar y seguir adelante pese a los obstáculos. La Caridad igualmente es un antiguo deber previsto en la llamada Constitución de Anderson, cuando se exige que todo masón debe procurar tanto el amor fraternal, como el deseo del bienestar del ser amado sobre el propio.

El Portal de la Caridad contiene dos columnas. La columna J, con la palabra IOSEP escondida a la mitad de su recorrido, que sería la columna de los compañeros; y la columna B, con la palabra MARIA con la M ladeada en forma de B, que sería la columna de los aprendices. Las tortugas son las atlantes que sostienen las dos columnas. La fuerza sobre la que descansa el Cosmos. Las columnas Jakin y Boaz aluden a los dos solsticios. Los signos del Zodíaco comprenden los 6 primeros signos, de Aries a Virgo, situados sobre el conjunto escultórico de la Encarnación. Aries, conocido también como el Cordero Reparador, según los mitólogos, es el símbolo de la fuerza, ya que al entrar en él es cuando el Sol empieza a ser más fuerte y más caliente. Tauro, símbolo del trabajo, es el sitial que constituye la piedra más nueva en el recinto masónico. El iniciado Aprendiz, como la Naturaleza aún informe, estéril o muerta, es la Piedra Bruta que se va a desbastar. Es el hombre ignorante e inculto, en su estado natural de barbarie y superstición. Géminis son dos, Materia y Espíritu. Es el significado de los Gemelos. En la constelación de Cáncer el masón recibe más luz de la que obtuvo en los signos inferiores. Es la imagen de la Piedra Cúbica, de la Naturaleza formada, fértil, que produce espigas, trigo, vino. Al pasar por el verano, Leo, recibe la plenitud de la luz, el masón se convertirá en un cometa con una cola luminosa. Tal como ocurre en la Naturaleza, la luz que recibió el iniciado hace que de los frutos anhelados. Virgo, o sea el sitio donde la virgen sostiene en su mano una espiga floreciente, sea el símbolo que anuncia el comienzo del tiempo de la cosecha. Símbolo de la Caridad, en el Grado 18 o Rosacruz de la Masonería, se muestra al pelícano en la joya y mandil distintivo, entre las piernas del compás, rodeado de siete polluelos y en actitud de despedazarse el pecho para alimentarlos. La “X”, como ya hemos dicho, tiene una gran importancia en el simbolismo masónico. Este símbolo se encuentra en las bóvedas de la cripta de la Colonia Güell, donde está repetido hasta trece veces, y también en el pórtico del Nacimiento de la Sagrada Familia, en la cruz que corona el Árbol de la Vida, que muestra una descomunal “X”. Este símbolo se realiza sobre la base de un hexágono regular, que forma el perímetro interior de dos triángulos equiláteros entrelazados, los cuales formarían la estrella de David, que sería la notación alquímica de los cuatro elementos básicos. El hexágono es una forma muy repetida en la obra de Gaudí, del cual incluso se puede extraer un cubo volumétrico si dividimos el hexágono en tres rombos. Cabe recordar que la “X”, además, es la notación alquímica del Crisol, un instrumento necesario para la obra hermética. Asimismo, la “X” también está relacionada por tradición con el apóstol Andrés, crucificado sobre esa forma.

Fuentes:

  • Ken Follett – Los Pilares de la Tierra
  • Fulcanelli – El misterio de las catedrales
  • Christian Jacq – El misterio de las catedrales
  • Stefano Mayorca – La energía cosmo-telúrica de las catedrales
  • Gijs van Hensbergen – La Sagrada Familia
  • Joaquin de Saint Aymour – El Código Gaudí
  • Joan Bassegoda i Nonell – Aproximació a Gaudí
  • Ama María Férrin –  Gaudí, la huella del genio
  • Castellar-Gassol – Gaudí. Vida d’un visionari
  • José Arturo Campos – Las voces de Gaudí
  • Isidre Puig-Boada – El pensament de Gaudí
  • Joan Llarch – Gaudí. Biografía mágica
  • Jordi Elías – Gaudí, assaig biogràfic
  • Ernesto Milà – El misterio de Gaudí
  • Eduardo Rojo Albarrán – Antonio Gaudí, ese desconocido
  • Lluc Oliveras – El Método Gaudí

oldcivilization.wordpress.com

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Respuestas a esta discusión

Maravilloso reportaje, casi un libro, muy completo y de gran interés simbólico en su hermetismo. Mil gracias

Gracias a tí por dejar tu comentario,  Carmina.  

He leído encandilada este tema por ser una apasionada seguidora de los misterios de la Catedrales y del genio irrepetible de Gaudí. Te agradezco el texto, querida Nieve, porque coincide bastante con lo que tengo leído en bastantes libros sobre la construcción de estos templos, donde se une el arte al misticismo y al simbolismo esotérico, porque basta una pregunta para resumir esta sensación parecida a la seducción: ¿Quien no se conmueve viendo una catedral, por ejemplo, la de Notre Dame. en Paris, por poner una. Seas religioso creyente o no, te resulta como mínimo, inquietante.

..Y bellísima,  Matilde!!Si no eres de piedra,  conmueve,  sin duda!!!Abrazos.

Si bien no acabé de leerlo, me parece más que interesante, CAU TI VAN TE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Seguiré leyéndolo pero quería agradecer por toda esta super información!!!!!!!!1

ABRAZOS

Gaudí era inusual con seguridad. En mi opinión espíritu misionero y visionario.
Sus obras son maravillosas. Hacen muchos brasileños verdaderos enamorados de España.

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